Breve conversación con Miguel Ángel Pascual

Antonio Martín Galán: En el ámbito de la literatura, las llamadas “licencias de estilo” (repetición, hipérbole…) tomaron carta de naturaleza hace mucho tiempo, siglos, mientras que en las artes plásticas los autores no empezasteis a permitiros determinadas licencias, como la que hoy llamamos “apropiacionismo”, hasta tiempos muy recientes. Y esto es así cuando, por otro lado, los artistas plásticos habéis gozado siempre de las máximas aureolas de independencia y libertad para romper moldes y costumbres… ¿A qué crees que se debe? ¿A la sacrosanta obsesión por la originalidad, al miedo inveterado a copiar (lo que en la literatura se llama plagio más comúnmente)?

 

Miguel Ángel Pascual: Si bien es cierto que las artes plásticas tardaron más tiempo en experimentar con la ruptura de la representación, el cuestionamiento del medio y la variedad de estilos para una mayor expresividad, no lo es el que no se permitiesen licencias. Sólo hay que pensar en artistas como Vermeer, que repite siempre los mismos escenarios,  objetos, incluso personajes,  y variando simplemente las situaciones para potenciar su carácter alegórico; o en el Velázquez de “La casa de Marta y María”, cuadro en el que sitúa la acción principal en un ventanuco dando a entender que es un acontecimiento pasado. Lo que si es cierto es que las artes plásticas no pudieron cuestionarse a sí mismas hasta que, a finales del XIX, la fotografía las liberó de su función representativa y la obra dejó de ser un vehículo para convertirse en algo en y por sí misma. Lo que sí es curioso es que el término originalidad, que surge como lo entendemos ahora en el romanticismo (como singularidad, diferenciación) era, en términos generales despectivo hasta el siglo XX, momento en el que se usa como criterio de valor a la hora de juzgar a un artista. Y más curioso aún: que la utilización de imágenes u objetos producidos por otros –el apropiacionismo- surge con dos artistas que son el paradigma de la originalidad de vanguardia: con Picasso que incorpora periódicos en sus cuadros/collage cubistas y con Duchamp, que los utiliza como obra en sí, convirtiendo esa acción en discurso y vaciando al objeto, al descontextualizarlo, de su sentido y utilidad primigenios.

 

AMG: ¿Qué entiendes tú por “apropiacionismo”? Más concretamente, y yendo a por donde debiéramos haber empezado: ¿qué hay de apropiacionista en tu obra?

 

MAP: Bueno, creo que la apropiación, como otro gran número de recursos vanguardistas, se ha convertido para gran número de artistas de mi generación en eso: un recurso nada más. Lo que antes significaba de por sí, como acción o actitud, ahora mismo es un vehículo para contar otras cosas, no sé si más personales, pero cosas fuera del mundo del arte.

 

AMG: ¿Y de “voyeurista”? ¿O deberíamos hablar de autorreferencialidad, más bien?

 

MAP: El voyeurismo siempre ha sido uno de mis fuertes. Eso sí, entendido en sentido amplio, como voyeurismo conceptual. Me gusta levantarles la falda a los grandes discursos y verles las bragas cuando se descuidan.

 

AMG: Desde que conozco tu obra, siempre me ha parecido que una de sus originalidades (y méritos) es la audacia con que mezclas cosas, tanto plásticas como conceptuales: desde la propia autoría de la obra (me refiero a aquel experimento que hiciste, hace ahora tres años, de empezar una serie de cuadros, pasarlos a otros pintores para que los continuaran y acabarlos tú) a la técnica mixta de fotografía y pintura, pasando por el uso del color y del blanco y negro, luces y sombras, estéticas clásicas y contemporáneas, lugares y no-lugares… Todo esto nos habla de barroquismo, de complicación, y, sin embargo, se percibe una búsqueda de la esencialidad y la depuración… Tú mismo me has dicho que te interesa la colección de imágenes pero que coleccionar es contrario a buscar la pureza, acumular en vez de eliminar…

 

MAP: …para buscar la síntesis última. Sí, tienes razón. He sido siempre más espectador que autor (parafraseando a Borges),  un espectador compulsivo y un coleccionista de imágenes y discursos que después utilizo para contar mis batallitas. Soy consciente de que esto no es nada original, pero creo que buscar la originalidad, el lenguaje esencial que nos lleve al origen es, hoy en día, una falacia y una pérdida de tiempo porque es muy poco original. Si el lenguaje del siglo XX fue el de su autodestrucción  en busca de su esencia, desnudándolo de trampas, reconstruyéndolo,  (…) el del principio del XXI es el de una reconstrucción sabedora de sus limitaciones y de su carácter imperfecto como vehículo de expresión. Al tomar consciencia de ello, se experimenta una gran libertad para utilizarlo. Al saber que la autoría, en lo esencial del término, no existe y que cualquier discurso no es más que una recombinación de elementos dispares (lingüísticos, sensitivos, incluso afectivos) nos quitamos una lacra casi tan grande como la que nos quitó el nacimiento de la fotografía. Al saber que las palabras no son nuestras y las construcciones prestadas, podemos contar lo mismo de muchas maneras diferentes, todas válidas.

 

AMG: ¿Qué hay de perverso en tu obra? ¿Qué hay de “bad boy” en ti como artista? Porque (y quizá esto no sea anecdótico ni casual) repasando los títulos que has dado a tus exposiciones individuales nos encontramos con un “cuadro clínico” que haría las delicias de un siquiatra: Conflictos y Mediaciones, Necrofilia y demás síntomas de la melancolía, Entre el decoro y la acción, Las trampas del innominable, Interludio místico…

 

MAP: Si tomamos la definición de perversidad de Poe -esa fuerza que nos impulsa a seguir haciendo algo que sabemos que es “malo” (las comillas son mías), incluso para nosotros mismos- todo. También habría que definir ese “malo”… Lo importante de los títulos es señalar que detrás de la apariencia convencional, incluso amable de mi trabajo, se esconde otra cosa.

 

AMG: Ahora recuerdo que una vez escribí que más que un apropiacionista eres un “hacker” artístico… ¿Cómo interpretaste esta expresión desde tu lado?

 

MAP: Como ya te dije, me gusta entrar en los grandes temas utilizando las puertas traseras  y  los fallos de seguridad. De esta manera realizo una topografía del entorno, un trabajo de campo que me permite situarme. Esto es un método de trabajo más que un fin en sí mismo.

 

AMG: Sueles ubicar tus instalaciones virtuales en una serie de no-lugares para acabar sobrepasando a su propio ideólogo, Marc Augé, con una obra en la que se palpa el “no tiempo” ¿Es sólo una percepción mía o algo deliberado por tu parte? (Aquí puedes traer a colación lo de la fragmentación posmoderna integrada en el espacio)

 

MAP: Esto es un buen ejemplo de lo que decía antes. A grandes brochazos: es la mezcla de dos grandes discursos (la fragmentación y el no-lugar) que hablan sobre la imposibilidad de la identidad única y uniforme. Es el integrar la retícula posmoderna (no-espacio) en un espacio-comodín cuya “identidad” no hace referencia al sitio donde están ubicados, sino al uso que se les da. Este es el método…

 

AMG: ¿No crees que deberíamos hablar más bien de Ultramodernidad, y concretamente en lo referente a tu obra? Además, el prefijo “pos(t)” siempre implica cierta carencia de personalidad propia…

 

MAP: Ahí esta la perversidad de mi trabajo: el intentar darle personalidad a un trabajo utilizando como base dos discursos que la niegan.

 

AMG: Ahora que la llamada “pintura expandida” empieza a estar tan en boga ¿te consideras uno de los pioneros de esta tendencia (porque desde tus inicios estás explorando en la vía de estos inconformismos tan tuyos) o, “sencillamente”, un artista multidisciplinar?

 

MAP: No. El problema básico hoy en día es que seguimos valorando un trabajo con criterios como disciplinas, géneros o soportes, sin preocuparnos lo que se cuenta con ellos. Una pieza no tiene más valor porque sea una pintura o una fotografía, o un video. Lo importante es que, usando los recursos propios de cada uno de ellos, se desarrolle un tema en profundidad, atacándolo desde diversos frentes.

 

AMG: ¿Hay alguna pregunta que no te he hecho y hubieras querido que te hiciera?

 

MAP: Mejor no ponerme más en evidencia.